ariquerar

Con cuerpo de diosa.

¡Que no quiero verla, luna!
Luna encapota el cielo en gris,
que mi musa en el río se mete,
dile a los lucero que cierre los ojos,
desnuda el agua la acaricia sus pechos.

¡Que no quiero verla, luna!
Sus muslos morenos gotas de agua resbalan,
y sus pequeños pies descalzos pisotean las algas,
¡ay su cintura, y si bajas la vista al abismo negro!
que se apaguen las estrellas que no quiero que la vean.

¡Que no quiero verla, luna!
Ay su ombligo, perla de oriente negra,
y los peces de colores, jugando en el río
mientas las estrella destellas sus brillo al
ver su cuerpo chorreando halos de hilos.

¡Que no quiero verla, luna!
Que me muero de celos de ese cuerpo moreno,
encapota luna el universo para que nadie vea mi musa,
que hasta los ángeles celestiales se asoma desde los cielos,
por ver tan bella creación del Eterno que de sus manos salieron.

¡Que no quiero verla, luna!
Y no me resisto a mirar esa hurí celestial,
esa montaña empinada que en dos se parte
formando una hendidura lindante con dos aljibes
donde no resisto calmar mi sed en esa afluente lindante

¡ay luna, que no puedo verla!
esos muslos torneados de perlas morenas,
resbalan como peces en mis manos en el agua,
los grillos cantan y las luciérnagas se encienden,
al ver tan hermosa musa bañándose sin enaguas.

¡Que no quiero verla!
Que ardo por dentro y muero de frío por fuera,
y oliendo sus enaguas, su corpiño y vestido engalanada,
su aroma a hembra me marea de deleite de mocito enamorado,
que sonrojado piensa en su cuerpo hecho de seda encarnada.

¡Qué si quiero verla!
Subiendo del agua dos cuerpos enamorados se pegan,
Rozando su monte de seda negra y sus prominente cadera,
recorriendo montes y valles con mi encabritada jaca rojiza,
cabalgando toda la noche mientra los luceros se encienden.

Jeshua